El Presidente Duque ha establecido un aislamiento obligatorio para los mayores de 70 años con el fin de proteger su salud. Consecuencia de ello surge el movimiento denominado “rebelión de las canas”, integrado por importantes personajes de la vida nacional.

Afirman que después de los 70 años “uno sabe que la muerte es una posibilidad y que estamos en la recta final, pero no tiene mucho sentido pensar que por ese motivo uno debe dejar de vivir”.

Pero otra cosa muy distinta es el maltrato a que se ven sometidos los adultos mayores por parte de algunos integrantes de la policía nacional, que muchas veces utilizan la fuerza física, para obligarlos a cumplir unas normas establecidas para su confinamiento obligatorio.

Todos conocemos el caso denunciado como abuso de autoridad, presentado en el centro de Bogotá cuando un adulto mayor se disponía a vender dulces, fue golpeado, aunque varias personas que se encontraban en el sector trataron de impedir estas acciones; el adulto mayor fue arrestado en medio de súplicas, su carro de dulces, un coche viejo es decomisado por los desalmados policías. 

Afortunadamente este adulto mayor se libró de que alguno de los uniformados lo lanzara contra el pavimento, para luego colocar su rodilla sobre su humanidad ahogándolo, como lo hicieron los policías con George Floyd en Estados Unidos.

Claro que no es el único caso del maltrato de algunos uniformados a los adultos mayores. En otras ocasiones los uniformados actúan amenazantes con palabras soeces, esgrimiendo sus bastones de mando.

Y qué decir de algunos celadores en establecimientos comerciales, enfrentándose a los adultos mayores, que después de exigirles la presentación de la cédula de ciudadanía, les impiden ingresar, gritándoles que deben estar acompañados por una persona responsable.

También el pueblo colombiano fue testigo de la tortura a que fue sometido el expresidente Humberto de la Calle, cuando tuvo que acudir a una farmacia para adquirir unos medicamentos para su esposa que se encontraba en grave estado de salud. Por más de dos horas hizo una fila bajo el agua y sol, desconociendo el privilegio de una atención preferencial, a la que tienen derecho los adultos mayores.

El maltrato a los adultos mayores es una problemática social en crecimiento que merece la atención inmediata del Estado, de la sociedad civil, organizaciones y comunidad en general, para lograr una sensibilización que permita entender la importancia y cuidado de esta población, cuya imperiosa necesidad es la de velar por el respeto de los derechos humanos, que no se soluciona con decretos presidenciales.



Cortesia El Nuevo Siglo

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